Desde hace algún tiempo he estado en el último pueblo de la Sierra de las Nieves, que colinda con la comarca de Ronda – en El Burgo. Iba con mi compañero Juan José para reunirme con algunos hoteleros por temas de trabajo y nos encontramos con una gente maravillosa – especialmente en el segundo sitio – el Hostal Sierra de las Nieves. Una vez roto el hielo y explicado porque venimos, la bienvenida fue enormemente cariñoso. Hablamos directamente con Maria – la dueña - que lleva el hostal a pesar de sus 77 años. Se nos ocurrió preguntar desde cuando tienen el establecimiento para quedarnos con la boca abierta, ya que nos encontramos con toda la historia del pueblo y con recuerdos tan entrañables, que normalmente se perciben en los documentales sobre los buenos viejos tiempos, pero que muy raras veces se encuentran gente, que aún te lo pueden contar.
El alma del hostal realmente es Maria, que siempre vivió en este pueblo. Está casada con su marido desde hace 51 años. El año pasado celebraron su aniversario de oro, viajando con toda la familia – 6 hijas y sus respetivas parejas así que 13 nietos en Almuñécar en la provincia de Granada. Antes llevaba con su marido otros 10 años de noviazgo, que es todo un reto, pensando que tiene ahora 77 años, por lo que resulta que se juntaron, cuando tenía solamente 15 años.
Su marido siempre trabajaba en bares, primero en la fonda y en el bar de sus padres. Después alquiló el bar, que aún hoy en día se encuentra justo enfrente del hostal y todavía es de ellos. Desde siempre tenía la idea de un hostal y constantemente intentó a convencer a su mujer, que al principio no estaba nada entusiasmado.
Cuando estaba en venta la farmacia del pueblo, que se encontraba enfrente del bar, no se lo pensaba mucho. Lo compraron y lo tiraron todo abajo. Durante un año estaban de obras, haciendo todo ellos. El edificio entero fue construido por sus propios manos.
Se abrió el día 06.08.1987, cuando aún nadie habló del Turismo Rural. Fue el primer y único hostal que existió en el pueblo y directamente no daban abasto. Las 12 habitaciones se llenaron directamente e incluso tenía que alojar personas en su propia casa, ya que vinieron tantos visitantes al pueblo – especialmente para la feria y en el mes de septiembre – que prepararon corriendo la habitación de su hija, que justo antes se casó. Cuando aún así faltaban camas, libraron aún más habitaciones, haciendo dormir sus hijas juntas. Desde entonces y durante todos los 22 años siempre estaba a la cabeza del equipo, para atender a los visitantes.
Desde algunos años, su marido tiene diabetes y además fue operado al corazón, por lo que ya no puede como antes. Por esta razón pararon el servicio en su pequeño restaurante, ofreciendo este servicio solamente a sus huéspedes.
Quien quiere puede probar aquí la autentica cocina casera y autóctona. Nada de cocina moderna y rápida. Aquí se encuentran todavía las recetas de las abuelas, preparados con mucho tiempo. Nos habló de su puchero, que tiene ya tanta fama, que algunos huéspedes vuelven expresamente para comer allí su puchero. La “malcocida”, la “sopa de 7 ramales”, etc., etc. La verdad es, que tenía problemas de recordar todos los nombres tan poéticas de los platos tradicionales que me mencionó y como no soy muy buena en la cocina, tampoco me quedé con las descripciones muy resumidas, que me dio en cuestión de algunos segundos. Pero os prometo, que os escribo más al respeto, ya que volveré, para probar cada uno de estos platos y os pasaré las recetas.
Seguimos charlando de los viejos tiempos y del pueblo y era como en una de estas documentaciones, que te hacen entrar en el pasado, dejándote ver tiempos y costumbres lejanos. Nos hablaron de las fiestas, que aún hoy se viven con la misma intensidad que antes y de las excursiones que se hacían en los alrededores – especialmente a la Sierra de Cabrilla, que originalmente se llamaba “Sierra la que brilla” – debido a un fenómeno en el atardecer - ya que el sol se apuesta enfrente de ella y detrás de unas montañas que no llegan a la misma altura, por lo que se ilumina de forma brillante en los últimos rayos del sol, aunque este ya no se ve en el cielo. Este fenómeno finalmente le daba el nombre, que con el tiempo cambió.
La hija nos contó la aventura, como subía una vez por la tarde junto a una amiga y un guía para llegar a la sima cuando ya era de noche. Como había luna llena, pensaban bajar en un ambiente único, solo bajo la luz de la luna. Todavía no había ni senderos, ni rutas. Se seguían los caminos de las cabras y era imposible hacerlos sin alguien que conocía muy bien la zona. Aún así se equivocaron, ya que hay que rodar la montaña y la bajada se encuentra detrás de la montaña, así que bajaron durante casi todo el tiempo en la sombra de la misma, con la luna escondida detrás de la cima. Solo tenían una pequeña linterna y fue toda una aventura llegar al pueblo, de vez en cuando de cuatro patas y bajando los pendientes escalando en la oscuridad total. Tardaron un total de 6 horas pero volvería hacerlo en cualquier momento.
Aunque nos hubiera gustado quedarnos más tiempo, ya que encima nos atendieron con café y dulces caseros (que por cierto eran riquísimos) teníamos que irnos, ya que teníamos bajar todavía a la costa.
Nos despedimos para descender de la Sierra de las Nieves bajo una luna de cuna y un cielo tan claro y limpio, que se veía también todo el resto de la luna. Jamás he visto las estrellas con tanto brillo y nos paramos varias veces, para descubrir diferentes constelaciones. Es un sitio ideal para astrónomos aficionados. No hay nada de contaminación lumínica – no se ve una luz ni a lo lejos y se ven estrellas incluso a ojo, que abajo en la costa evidentemente ni existen.
Aunque han pasado semanas todavía pienso en Maria y su familia. Son la gente, que hacen tan especial esta zona y que te hacen sentir en casa y bienvenida – que te abren un mundo desconocido, viejo pero nuevo para mí y seguramente muchos de mi generación. Te hacen disfrutar de una forma ancestral. Es un viaje a la tranquilidad, a las relaciones humanas, a historias casi olvidadas y a una forma de vida, que en las grandes ciudades ya no se encuentra desde hace mucho tiempo. Será por eso, que el flujo de turistas aumenta constantemente a estos rincones de Andalucía, que todavía guardan la memoria de tiempos pasados y de una felicidad que resulta del aprecio de los pequeños detalles y satisfacciones de la vida.
Os invitamos a descubrir esa gente maravillosa que hará vuestra estancia en esta comarca serrana inolvidable.
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